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lunes, 14 de octubre de 2013

Animalito rockero

Una tarde lluviosa, por un amigo en común, conocí a Gerardo Grande. Poeta lúdico y vital. Aunque siempre el licor es un lubricante social, hicimos amistad rápidamente. Me invitó a presentar la revista Mutantres, previa a la presentación de su libro Animalito rockero seguido por Ana Mata (UANL, 2013) en una casa muy linda y decorada en el centro del DF, donde asistió mucha gente y, sobre todo, las chicas más guapas de la ciudad. Gerardo es lo más parecido a un poeta rockstar, aunque esta frase pueda sonar maniquea. A mi querido Gerardo, le debo muchas cosas que nunca le pagaré, el conocimiento de las ruinas de Teotihuacán, litros de tequila y un sinfín de noches recorriendo la ciudad bajo su inquieto corazón. Ya vendrán las noches de revancha, querido. Me traje algunos libros suyos para amigos, aquí en Lima, también en común. Jorge Bracamonte ha escrito una reseña a modo de evocación de este joven poeta mexicano.


Gerardo Grande, Animal Punk


Los niños perdidos
Pequeños bastardos delirando políticas sanitarias para el amor 
Incendiaron las enciclopedias para no vagar por siempre en la nostalgia de la historia
Procuraron la ceguera entre ellos antes de la llegada embustera del progreso
Kreit Vargas

Recuerdo que hace algunos meses por medio de un amigo (quien no dejaba de insistirme) terminé asistiendo al taller de poesía de Marco Martos, taller dictado en la Universidad San Marcos. Mi presencia en el mencionado taller no hizo más que confirmar mis especulaciones sobre el mismo: él taller era un concilio de poetas reaccionarios y aletargados que me hizo recordar a la escena de los Detectives salvajes en la que los jóvenes leían sus poemas y Álamo se los criticaba hasta que este se cansaba y relegaba su labor a otro, así y así hasta lograr un circulo aburridísimo y abrumador.

No conozco a Gerardo, nunca lo he visto, pero por obvias razones: él vive al norte y yo al sur del Pacífico, sin embargo, en estos tiempos de globalización, no es necesario estrechar las manos con alguien para establecer un vínculo de amistad y fraternidad, las redes sociales a veces logran romper con las fronteras mentales establecidas por los tontos estados y hermanarnos con nuestros pares a distancias enormes, compartiendo poemas y experiencias virtualmente.

Hay poetas que nos producen un gran bostezo y hay poetas que nos vuelan la cabeza, Gerardo es de estos últimos, sus poemas acompañados casi siempre de una performance, le dan a sus versos la misma vitalidad con la que fueron escritos. La poesía de Gerardo Grande es como una buena canción de rock que casi siempre nos coloca en un estado de éxtasis superlativo, nos golpea en la cara y siempre nos está recordando que la poesía es una forma de vida llevada a límite como Rimbaud o como Inverso, aunque muchas veces esta vida termine mal, no importa, no hay miedo o nos lo hemos tragado, sólo ganas de arrojarnos al péndulo de la vida y tambalear hasta caer y regresar más furiosos y vivos que nunca. Cuando uno es joven y despierto a la vida no hay frenos, sólo ganas de avanzar.

Aquel día en el Taller de Martos me deprimió mucho ver a tantos jóvenes (y me refiero a jóvenes de edad) muertos. Párvulos como yo o como el mismo Gerardo, escuchando a un anciano que lo único bueno que alcanzó a decir aquella noche fue: “Me he dado cuenta que los jóvenes, en un principio, buscan la poesía como medio de vida y de socialización, buscan formar vínculos fraternos a través de ella” y después volvió a decirle a los muchachos que leyeran sus poemas y volvió a tratar de corregirlos como Pound hiciera con Elliot, como acortándoles la vida y ellos tan adormecidos en las palabras del “POETA” canónico
, solo se limitaban asentir.

“Yo creía que quería ser poeta, pero en el fondo quería ser poema” nos dice Jaime Gil de Biedma en un discurso escrito hace muchos años, esta breve frase encajaría perfectamente en Gerardo Grande: vivir la poesía, no limitarla solamente al mezquino papel, sino llevarla a la praxis, aunque a veces nos esperen miles de abismos y la ciudad devore nuestros corazones, aunque a veces arriesguemos todo en esa utopía, pero vivir y escribir sin detenernos, aunque tengamos que pasar ebrios y drogados por sobre los poetas de terno e impasibilidad torpe, aunque se nos vaya la vida en cada palabra y movimiento.

¿Quién dijo que todo está perdido? Hay que agotar hasta la última oportunidad y ya!
“El rock no ha muerto La vida no ha muerto La poesía no ha muerto aunque a veces lo parezca”.

viernes, 4 de octubre de 2013

Entrevistas_3: Yaxkin Melchy

Yo creo que México es una ilusión, a lo mucho un espejismo. Me traje de México, el cariño y el enorme corazón de un montón de amigos. Su galopante delirio, enorme entusiasmo y fuerzas renovadas para comenzar nuevos proyectos. Me traje también el corazón desecho, el hígado resentido y las enormes ganas de volver. Me traje también una serie de entrevistas que hice a distintos jóvenes, integrantes de distintos colectivos, que se mueven en distintos puntos de la ciudad (el DF es inmenso, ¡vaya novedad!) llevando sus editoriales independientes, cartoneras, revistas, fanzines, ferias y distintos proyectos con una alegría, entusiasmo y rebeldía contagiante. No hice, ni mucho menos, entrevistas a todos pero hice algunas significativas para observar el curso de esa intensa actividad literaria. En esta primera entrega, conversamos con Yaxkin Melchy, poeta y editor de 2.0.1.3. Editorial que, dicho sea de paso, acaba de editar Splendor de Enrique Verástegui, un voluminoso libro de mil páginas que incluye lo que antes fue el proyecto Ética. Yaxkin Melchy es un entusiasta activista y seguidor de la movida literaria y editorial mexicana. Ha participado en varios recitales y realizado talleres de libro cartonero, en nuestro país y en Latinoamérica. Ha sido además incluído en importantes antologías de poesía en distintas partes del mundo. Su trabajo es arduo y desde su taller artesanal se trabajan, con mucho amor y cariño, distintos proyectos poéticos de Latinoamérica. Pueden entererarse de primera mano en su blogEn esta entrevista hablamos de generalidades sobre la actividad poética y editorial mexicana. Mi intención es mostrar las actividades y el renovado espíritu que se mueve en esa parte de mundo, Yaxkin encarna una buena parte de ese movimiento. Por supuesto que hay otros proyectos también, opuestos incluso, que en el transcurso de las entrevistas que publique aquí podrán ir dándose cuenta. Pero tengo la dicha de ser amigo de Yaxkin, por lo que esta entrevista podría parecer poco parcial pero que, al fin de cuentas, y para el interés que la guía, importa poco. (Finalmente, qué no lo es.) Así comenzamos. Por Jorge Castillo.
Yaxkin Melchy

-¿Cómo ves la poesía joven mexicana actual?
-Ya que nos enseñaron sobre todo ideas nefastas, muertas, podríamos comenzar hablando como algo que viene desde hace unos diez años a la fecha. Yo creo que desde aquí se marca una ruptura definitiva contra cierta idea de la poesía mexicana mal leída y mal enseñada. Que tiene ciertos calificativos como de solemne, poco experimental... en el fondo un género aburrido y neutro. Entonces yo veo, por lo menos ahora una experimentación imaginativa y para nada neutral, sino ya la irrupción de un performance de la escritura, de una acción en la escritura de la poesía mexicana, un ponerse en marcha, un motor a toda revolución y un poco averiado, en fin todo eso pasa por el texto pero también por el libro y por las acciones de los libros, autores y textos en la vida nacional. Entonces es una batalla que se está dando por configurar una ética más allá de la literaria, pero, he aquí lo interesante, a través de la propia poesía, pero yendo más lejos. Y eso nadie se lo esperaba, ni siquiera los académicos y poetas de la vieja guardia y vanguardia, así que ahí está todo eso en pleno auge mientras el Estado y las editoriales tratan de ver como encauzar todo esto nuevamente a una tradición.

-¿Tú crees que ahí radicaría su virtud? ¿O dónde estaría?
-Yo sí creo que esa sería su virtud. Es también una liberación de los géneros la que hace que aparezcan puntos de fuga a la propia tradición y también, de alguna manera, tiene que ver con una contaminación que sucede en el lenguaje. Una contaminación con otras tecnologías y otros temas también. Esto es la configuración de una nueva ecología textual, que necesariamente es un compromiso político también, pero no una política de arenga o panfleto vacuo sino como un modo de comunidad emergente y creo que ahí hay algo muy bello, opuesto al viejo cartel. Los nuevos Zetas, son más bien zetáceos.


-Y en esta nueva literatura joven, ¿cuál es la relación que encuentras con su tradición?
- En principio hay un rechazo, por ejemplo existe un primer rechazo a Octavio Paz, que en realidad es un rechazo al monopolio educativo, un rechazo a la lectura que se exige como bandera de lo mexicano. Después, y gracias a la difusión alterna e incluso pirata, existe una lectura creciente poetas que fueron un poco contemporáneos de Paz o incluso anteriores a él: Mario Santiago, Kin Taniya, Manuel Capetillo, Orlando Guillén, Jaime Reyes, Gerardo Déniz, Max Rojas, hay muchos. Y también se comienza a hacer un reencuentro de los poetas editores con creadores como Ulises Carrión, por ejemplo. Entonces yo creo que hay una redistribución de la tradición, que además se diversifica en algo que no es homogéneamente mexicano, sino del norte, de frontera, indígena etc…, una verdadera lectura frente a la cual los literatos mexicanos se habían quedado muy atrás y sospechosamente enrancherados en el D.F.


-Y también, no te parece, que la poesía joven actual absorbe de no necesariamente su tradición sino de muchas tradiciones. Por ejemplo, la influencia de la internet permite conocer nuevos escritores. Ahora, con estas nuevas tecnologías, es mucho más fácil acceder a nuevos autores.
-Sí, eso es cierto. Incluso en cierto momento se habló de una "sudamericanización" de la poesía mexicana. Esto tiene que ver con que se vuelve más accesible leer a autores que no son conocidos o no están editados por el Fondo de Cultura Económica, ni Conaculta, tal como Pablo de Rokha o la poesía peruana del grupo de Hora Zero. Entonces ahora es posible acceder y leer a autores peruanos, ecuatorianos, y conocerlos de parte de las editoriales independientes y oficiales de sus respectivos países. Uno aprende que lo que acá aparentemente es excesivo forma parte de un canon alternativo, que los sistemas canónicos incluso son más variados de lo que suponemos en el español visto desde México. Ya hubo como un proceso de digestión de todas esas lecturas, esos manifiestos, entonces es importante hacer este tráfico de lecturas, conocerlas como lo que son, textos de importancia para modos de vida de cuerpos y recuerdos. Esta crítica tiene que vérselas con el centralismo de la Ciudad de México. Porque, incluso, la actual escena del norte tiene otros códigos, otros recuerdos de hacer poesía. Entonces hacer lo mismo ya agotó el proyecto de “centro culto” del D.F. que intenta decir que ahí está lo cosmopolita, y la poesía que tiene chance de proyectarse o traducirse, el dream team y demás tonterías porque muchos ni siquiera pueden enorgullecerse de su habla culta chilanga, como sí lo hizo Mario Santiago, por ejemplo. Ojalá pronto veamos africanizaciones de la poesía mexicana, oceanificaciones de la poesía mexicana, para qué hacer una poesía a la mexicana que no es más que un remedo norteamericano o europeo, ¿por qué nos insensibilizamos a un México desbaratado verbalmente? Esa es una pregunta fuerte porque no se responde una sola identidad literaria, sino a algo muy particular, a lo particularísimo, que tanto es objeto de envidia y receptor de mala leche.

-De hecho, ahora los jóvenes pueden prescindir de la tradición e ir exactamente a lo que les gusta. A través de la internet, las redes sociales, etcétera. Es decir, no necesariamente tienen que leer cronológicamente la tradición para entender lo que hace en este país o en Costa Rica o en Argentina o Turkmenistán, por ejemplo.
-Sí, se toman esa licencia y suceden cosas importantes porque se han desmarcado de la tradición de la Academia militarizada que dicta de alguna manera cómo se debe escribir honorablemente, como si hubiera que quitarle diversión al mismo hecho, diversión, error, distensión, si uno lo piensa así cuáles serían los autores mexicanos que uno debería leer, cómo sustentar la autoridad en tiempos en que mejor pensamos en autores que no participan de ser gente distinguida sino inaudita. Pero tampoco se puede prescindir de todo lo que la Academia puede valorar y eso me parece importante, y eso lo favorece la internet y facilita la manera de enterarse de otras poéticas. Y de relacionarse también, porque todo ha sucedido con un contacto directo también con los propios poetas, con los poetas en los recitales, en los eventos de importancia nacional, en performances, en acciones de arte, y porque también todo esto se ha contagiado de una manera más directa a gente en pequeñas trincheras de universidad. Es curioso que pasa a la par de las relaciones virtuales y distantes, que no tendría capacidad viral si no fuera también porque se ha dado de una manera muy directa, y de contacto, y eso ha marcado porque es una actitud distinta de usar la internet desde nuestros países en crisis.


-Justamente eso de lo extra escritural, que ya no tiene que ver con el libro propiamente dicho, me he dado cuenta que en México tiene una importancia fuerte, vital. La gente sale a las calles, participa, intervienen espacios públicos, hacen performance. ¿Esto desde cuándo y cómo lo ves?
-Esto debe tener unos ocho años, así de fuerte al menos en donde yo he vivido que es el D.F., y es curioso, porque para mí todo esto comienza de manera coordinada en el 2006 que es cuando entra Calderón, el sexenio de la violencia, de la violencia desbordada que hoy continúa. Entonces, hay un rechazo a las prácticas habituales, a lo institucional. Hay una valentía generacional que es un hacerle frente al país y al pacto político preestablecido. Se trata de un rechazo al país de las instituciones, sus instituciones fuertes, incluyendo la izquierda, y una de esas instituciones es el libro. El libro impreso por el Fondo de Cultura, el Conaculta, los gobiernos estatales. Entonces esa labor está hecha por editoriales subterráneas y alternas, y de autores que salen a la calle y hacen recitales, sin pedir aval o permiso de los padrinos literarios, se trata de muchach@s que se niegan a encajar en un patrón y tienden a ser mucho más difíciles, inestables. Y eso ha sido, de alguna manera una reacción contra el país de la letra limpia. Sí, en este movimiento joven hay de todo, en el otro pareciera que ya no hay nada.



Patán Gorila 0.1 en el Museo del Chopo, DF.

-El hecho de que la gente reaccione y participe, como tú dices, en rechazo a las instituciones, al mismo libro como institución, y hayan recitales constante y masivamente, ¿esto es novedoso o siempre ha sido así?
-Yo creo que es algo que no ha sido común aquí. Al menos no ha sido muy bien visto, partir del habla mexicana delirante, alucinógena, dextro y que se enfrenta a las hablas pulcras o neutrales, y eso forma parte del reclamo a la poesía mexicana. Que ha sido deslumbrada por poetas sin mucha imaginación, para una élite del vestuario. Ahora eso se ha desmarcado, es como decir que no interesa una "poesía para poetas" porque tampoco nos interesa demasiado que sea una poesía estrictamente hablando, entonces se libera e ingresa a otros terreros, fuera de los dominios del texto como aval de cualquier cosa, y explorado otros lenguajes, otras aventuras, ése es el riesgo. Es como una negación a hacer la poesía de la generalidad, y eso al final termina alejándote de los “poetas” y acercándote a las personas chidas, peculiares, al final de cuentas, esas personas importan. Tenemos una educación que nos configura de una manera cerrada, que nos dice esto es "poesía", esto es "literario", antes que pensar por la poesía misma, dónde está la poesía que no es literatura, todo eso está ahí en las emociones, la rabia o las ideas más raras y ahí se crea una empatía distinta. Fíjate, la banda que viene, en lo inmediato, ya tiene una nueva configuración de lectura, ya son diferentes lectores, y esto, de alguna manera, se está adelantando pero va a pasar, se está creando una nueva manera de leer. Yo quiero que la poesía participe de ese nuevo modo de lectura, más intrigante.


-¿Lo prefigura?
-Creo que ya lo está prefigurando, y yo creo que eso es el cambio importante que va a suceder, esa transición, me gustaría que para ellos nosotros fuéramos los raros.


-¿Y la gente tiene una preferencia por las perfomances e intervenciones?, ¿se ha dado de una manera natural? Me parece que tiene como mucha importancia aquí.
-Sí, yo creo que sí. Y es en reacción también a un medio ambiente muy árido que casi no existía para contextualizar el lenguaje poético. Pero tampoco creo que sea para siempre, está cumpliendo una canalización importante de tanta rabia y tristeza, y yo creo que ese mismo performance se va tener que ir reelaborando y quizá encontrar nuevas vías de comunicación para no quedarse, otra vez, en una "nueva tradición" o un “nicho de mercado”.


-En antaño, el poeta era poeta, y el editor editor, y tú combinas ambas cosas. Tú trabajas tus propios textos y también editas a otros y tienes movimiento editorial, ¿cómo ves esto, la relación poeta editor?

-Yo creo que tiene que ver, primero, con que hoy es más sencillo acceder a ciertos medios para editar tu propio libro, técnicamente. Y también tiene que ver con eso que decíamos anteriormente, el de salirse de los medios institucionales del libro, del libro oficial, y regresar como a una labor artesanal, formatos como el fanzine y el libro cartonero se llevan porque ante todo son actitudes de publicar. Eso es también una respuesta al medio. La mayoría de autores radicales, arriesgados, terminan siendo autoeditores de sí mismo. Yo creo en encontrar el medio de hacer las cosas por mí mismo. Para mí, en México y quizá en cualquier parte, es correr ese riesgo de publicar libros tan extensos, y visualmente cargados, de poesía, casi como imprimir un archivo de vida, y sin embargo esas escrituras ya están... Entonces, ahí tienes, de alguna manera, que se puede encontrar el modo de publicar, y no es cuestión de números o tirajes (un libro único ya es un libro existente). Es la oportunidad, también, de demostrar actitudes del libro como objeto, un intermedio entre lo medieval, lo artesanal y la digitalización, porque esas escrituras no deben quedar ocultas. Yo creo que todo esto ha nacido de una serie de oportunidades que se fueron combinado.

-De oportunidades negadas.
-Sí, oportunidades/necesidades porque nosotros tuvimos que buscar otro camino ante ese escepticismo de los editores que tienen esa idea de que el poeta va "pasito a pasito" y que tiene textos "exactos" a la edad física, méritos, favores incluso, y, en realidad, no: ya hay un desborde de escrituras e información que está transcurriendo y que tiene todo el derecho de existir, los Mario Santiago, los Verástegui, los Guamán Poma del s. XXI. Tienen necesidad de existir.

-Cuéntanos sobre tu editorial.
-La editorial se llama 2.0.1.3. Pero en realidad comenzó en el 2012 y nació en el 2010. (Risas) Nació así porque fue como una manera para prepararse para lo que vendría, el final de los tiempos. (Risas) Tenemos tres años funcionando como editorial. Hemos editado como siete libros, en las ediciones más artesanales, y otros siete, como de manera más fanzinera o como plaquettes. No nos interesa evolucionar para convertirnos en una editorial independiente hipster, nos interesa involucionar para que esto se convierta en un microorganismo de elaboración, experimentación y belleza.


-¿Cómo hace un poeta para publicar en tu editorial?, ¿ellos te buscan?, ¿tú los buscas?
-Sí, los hemos buscado, forma parte de esa necesidad. Y también queremos que esto sea distinto a sus demás publicaciones, porque cada libro es una particularidad y darle esas particularidades al libro. Tenemos un diálogo con un autor para saber qué o cómo imaginan el libro y la lectura, y que, de alguna manera sea algo más orgánico ese proceso. Ha habido un par de libros, que han salido por la convocatoria en internet; no es la mayoría, eso sí. Creo que ha sido productivo comunicarnos por e-mail pero más ha funcionado la parte directa, del contacto frente a frente con el autor y, en el fondo, no es complicado porque hay mucho movimiento de escritores jóvenes y no es muy difícil encontrarlos si uno busca.


-Ahora, es cierto que la internet favorece la difusión masiva de textos, ¿cómo haces tú para filtrar toda esa cantidad? Porque imagino que no todo es publicable.
-Yo creo que es la experiencia, la honestidad de sentir un poema es el ojo avizor en esto. También la editorial tiene como el interés agregado a las propuestas que nos parezcan anómalas, híbridas, o mutantes, como quieras llamarlas. Y ya luego las cosas se van simplificando.

Presentación del libro Splendor de Enrique Verástegui

-Ahora has editado a Enrique Verástegui, ¿cómo nació esto?
-El libro de Enrique salió porque yo viajé al Perú hace tres años. Antes, en el 2008, lo conocí y le edité una plaquette. A mí me fascinó bastante y conocerlo en persona fue todo un acontecimiento. Él mismo me lo propuso cuando le conté sobre la editorial y que editábamos plaquettes, cosas así, muy modestas, entonces seleccioné parte de Leonardo, y publicamos una plaquette con la Red de los Poetas Salvajes. Luego, en el 2010, nos volvimos a ver y le mostré los trabajos que hacíamos, ya con libros de 2.0.1.2. y le prendió la idea, él pues me ofreció esa oportunidad, fue un regalo, de publicar su proyecto completo que se llamaba Ética y que después, poco a poco, terminó llamándose Splendor. Yo creo que ha sido muy bonita experiencia, porque ha sido una comunicación continua de tres años, de estar constantemente en esto. El libro original estaba desperdigado en fotocopias, y ha sido un trabajo minucioso de transcripción y edición. Y el propio Enrique ha estado revisando, siguiendo la pista y eso ha facilitado las cosas. Ha sido un regalo para las mentes más lúcidas.


-La edición del libro de Verástegui que yo he tenido oportunidad de revisar, no le envidia nada a una editorial oficial, grande, con gran presupuesto, que no es tu caso ¿verdad? Esta edición está muy bien hecha, muy bonita. ¿Cómo has conseguido hacerla?
-Splendor es una coedición, este libro lo hemos trabajado cinco proyectos: 2.0.1.3. Editorial, Grafógrafo, Kodama Cartonera, Literal y La Ratona Cartonera. Lo más bacán es que hemos trabajado cinco pequeñas editoriales distintas y haciendo un libro así. Lo que nos junta es el mismo interés que todos compartimos por lo monumental de la obra verastiguiana, y también esa manera de ver la poesía así, que puede excederse, expandirse, más que solo ser un libro: es un mundo el que está ahí. Yo creo que es muy hermoso porque somos cinco editoriales que tenemos esa misma intuición de la poesía, aunque cada una ha hecho su propio recorrido nos hemos contagiado mutuamente de lecturas. Nos conocemos y somos amigos, este libro refleja ese camino recorrido y esa amistad de pequeña comunidad que sí podemos mantener viva, más allá de los intereses económicos que están fijados en la supervivencia.

-Para todo esto, ¿recibes apoyo del Estado o algún organismo público?
-Como creador, he recibido la beca del FONCA en una ocasión, y ahora también para organizar un encuentro interdisciplinario que se llamará Los Lenguajes Alienígenas. Subterráneo 2014, esto se da después de tres festivales (2008, 2010, 2012) que hicimos con ayuda de los amigos y la fraternidad artística únicamente.

-En México sucede un fenómeno único comparado con toda Latinoamérica, y es el apoyo económico que brinda el Estado a proyectos artísticos, culturales, así como becas, ¿qué opinas de esto?
-Con el dinero de una beca o inversión, ahora podemos invitarle todas las caguamas que guste a un poeta joven, y patrocinarle su derecho a la fiesta. Este es un punto me comentaba Jocelyn Pantoja, escritora y gestora cultural, y que estoy muy de acuerdo. Recordemos que la fiesta para alguien que empieza en cualquier actividad más o menos social, es un lugar en que se forman alianzas, amores, ideas, afectos. La pobreza genera exclusión en este sentido de convivir y pasarla bien y con calidad en lo que te metes. Con ese dinero también puedes patrocinar una edición artesanal, una plaquette y que conozca el país, lo bonito y lo sórdido, que haya algo que genere un para qué de la escritura. En fin, me parece que esto lo digo porque sé que es el dinero entregado por una sociedad y que el Estado “invierte”, pero hay que darle la vuelta, no se trata de que el Estado invierta para sí mismo, osea en que sólo le sirve a un montón de burócratas de la cultura, generar falsos creadores amparados en la institución, este es el dinero de una sociedad para generar comunidad, y siendo así se trata de lo que tú haces con tu beca, tu premio o tu parranda patrocinada.

-¿Cuál es la relación con otros grupos o colectivos editoriales independientes? ¿Hay relación con otros en otras partes del país?
-Hay mucha relación, estamos en redes sociales, dándole la batalla las ferias del libro que cada vez intentan convertir esto es un caro mercado, hipster y evolucionado, por eso también asistimos a eventos más o menos subterráneos, a las irrupciones, y el performance de la vida diaria, en los viajes y en la naturaleza llana, y ahí donde no había espacios culturales surgen propuestas de llevar algo de la poesía porque sí. Coatzacoalcos, San Cristóbal de las Casas, Las Choapas, Navachiste, y muchos lugares por México y Guatemala


-México tiene fama de ser conservador en muchos aspectos, ¿hay todavía algunos grupos, diríamos, conservadores o tradicionalistas en México?, ¿cuál es su relación con ellos, hay broncas?
-Es una mala y aburrida fama, que tiene que ver con cotas de poder que se dilatan para seguir inculcando babosadas a las nuevas generaciones de escritores; ante todo uno, el miedo a lo excesivo, a lo indeterminado, al errar en la escritura, eso que se llama obra y es inabarcable por el libro, y por ello esta idea de purezas forzadas para solapar la mediocridad y el miedo; la idea del libro “oficial” para solapar el exceso de vida y de materia; y la idea del “mundillo” para solapar la necesaria circulación de la poesía misma que se da de mano en mano, de lectura en lectura, pantalla, papel, y en los recuerdos.


-Por último, Yaxkin, ¿qué le espera a la poesía mexicana?
-Que se libere de los que quieran ser los nuevos “poetas mexicanos”, estos que representan la tranza, y la mediocridad, la burocracia mental que busca la prescriptiva en los círculos de poesía y de las transvanguardias. Porque frente a eso la poesía mexicana está bien, demasiado bien, es un exceso literal que no estaba previsto ni por la academia ni por los mercadólogos del best seller, y aún no saben bien como domarla o si deben empezar a remojar las barbas por sus narradores. La poesía mexicana está muy bien, y le espera seguir ese camino a lo largo de México y de sus lenguajes y modos, pero ya haciendo un lenguaje visto desde más allá de la literatura, y desde más allá del sujeto literario, la poesía ahora, para lo que mejor sirve, es ponerse a investigar géneros de existencia: Qué nos puede decir la escritura poética de la ciencia, el arte, el universo, la política, todo eso es hacer el mundo. A la poesía mexicana le espera reeducarse.

lunes, 20 de febrero de 2012

DIARIOS INFIELES



Ella toma el pasado en sus manos y lo agita hasta verlo desangrar. El desangre no importa si tienes fe en el momento, en el instante en que las sábanas son lechos de arena y el cielo nubes de polvo. Ella agita e introduce su dulce pasado para exorcizarse, para victimizarse por esos tabúes adquiridos, nunca bienamados y siempre adoloridos; ella agita e introduce su dulce pasado como una forma maldita de evocar su presente y su fe en las paredes viejas, los olores de madrugada y los bailes pegajosos; ella agita e introduce su dulce pasado para metamorfosearse en una libélula que recoge mieles con retóricas estúpidas y sabor de agrio vino y gemidos adelantados, como luna de primavera, como loba contra la timidez; ella se agita y se introduce en un cosmos para reconocerse con luz propia de vicios compartidos; ella se agita sin premura y se introduce con violencia en movimientos que imitan a los cuervos en busca de presa. Alimento de tardes tristes, memorias de pasados polvorientos y sol cegador. He victimizado mi piel dorada, mis testículos de acero y mis ojos de lagartija al sol para verla agitar e introducirse en ella misma en un narcisista acto de eliminación de fronteras definibles que se torna en suspiros de bruma, espanto, y también piel, uñas y poros abiertos. Como cuando camino a tu casa, mientras atravieso la ciudad para verte, pienso que me gusta… pese a que tu náusea y tu falta de fe me oprimen, pese a que tus confesiones al respecto me resultan terribles, fatales, inicuas; insanos atentados contra mi fragilidad; me gusta el vértigo de muerte que inyectas a la vida; te espero, sin embargo, no llegas.
Llegas tarde. Te espero aterida en la esquina de Canevaro, en la bocacalle donde hay un semáforo, y tres esquinas anónimas, deslucidas, que con sus muros oscuros y sus casas en penumbras, me sirven de referencia. Te espero en Canevaro, el lugar donde si alguien me lo hubiera mencionado el mismo mes del año pasado, lo hubiera fácilmente confundido con un penal. Y algo que no alcanzo a descubrir brilla en tus ojos cuando tocamos un nervio. Algo se libera en ti, algo que aliviana tu insano dolor. Llena de mentiras, falso confort, tremebundas y caprichosas razones, miedos petrificados por espanto y lleno de lugares comunes están hechos tu materia gris. No hay herramientas a disposición, sin dolor no hay salvación, sin salvación no hay razón para seguir, y sin razones para seguir hay mucho acomodo en perfumes, máscaras, estridencia y folclor bohémico. 


Inoportuno, me aferro al silencio, y soy el espectador involuntario de aquella bochornosa noche que parecía ser solo una más entre tantas de nicotinas y vinos baratos, fundidos entre lenguajes musicales y orales. Escuchar fue traducir y procesar aquellas imágenes mórbidas; una habitación oscura, paredes blancas, un cuadro sin marco; objeto vinculante: una cama para tres personas. A punto de dormir, algo me aterrizó a la vigilia: sonidos táctiles, roces friccionados y lúbricos de tiempos rítmicos y maratónicos; a centímetros de distancia en la que me encontraba, estaban tirando un polvo.


Ese tu caos que devela un mundo de flojas ataduras, de efectos absurdos y de promesas inciertas. Ese tu caos es el que me da terror y, paradójicamente, me otorga un sentimiento de libertad, de peligrosa libertad y también de desamparo absoluto. Esa manera tan tuya de asumir las circunstancias con insoportable estoicismo, esos arrebatos de amargura y rebeldía. Me gusta tu sentido del caos en el que nadas con total soltura, el caos que descompone las cosas en las que yo jamás he creído con convicción pero sí con mucha esperanza.


Pero te espero en la esquina, justo donde va a parar la diminuta y agrandada combi, con todos sus pasajeros incómodos pero cómplices. Te espero, otros también esperan. He intentado encender el cigarro, después de cinco intentos al fin lo he logrado. Un taxista me toca el claxon: me confunde con una puta o me enamora. No importa. Tu verdad es revelada como mentitas que uno lleva a la boca por reflejo, sin pensarlo dos veces y sin esperar compresión de largo plazo. No te importa, tus aflicciones han tomado otros caminos ya incrustados en tus manos, gestos, en tu lenguaje. No importa. La verdad está en otro lado, no lo sabes, ni te importa. Tu refugio toma aires enrarecidos, subterfugios de avenidas del centro de Lima, barajas con caparazón. No importa. El daño que importa está tan incrustado en un resquicio solitario y que aflora en tu ducha, en el techo, en los días en que abrazas tus libros, que caminas a paso decidido en busca del minuto que vendrá. No importa el desengaño, la sinrazón, la fe opiácea, las fotocopias sin anillar, o esos sueños muertos en otros tiempos, en otros brazos, en otros catres donde anidas liendres. No importa. Llegarás tarde. El puto cigarro se acabó en un abrir y cerrar de ojos, busco otro.

Y pienso que tal vez la literatura sea una forma de descubrirte; es decir, descubrirnos. En efecto, la literatura puede ser una tabla de salvación, una forma de soliloquio, o evasión, o búsqueda de otra paz. Difícilmente los guitarreos desafinados, largos y poderosos, y los teclados zumbantes puedan cumplir esa función exorcisante. La paz llega con esfuerzo: soledad, entrega y paciencia. Tal vez la literatura nos exija un poco eso, a veces de tanto pensarlo seamos víctimas de otra forma de vicio.

Tu pasión y tu dolor, lastiman, me lastiman. Esas sinceras concesiones que crees darme --nunca la sinceridad me supo tan amarga--. Qué son esas concesiones sino pequeñas muestras de un egoísmo grande y generoso, ridículamente magnánimo. Hacerme la loca para no interrumpir un momento inoportuno. Y suspirar una vez más cobardemente. Y qué son esas palabras de vulgar ternura al calor del sexo, qué son, sino pobres gestos de ternura. Y esa prudencia, ese silencio, que impones sin pedirlo con un gesto hosco ante cualquier muestra de cariño. Y esos otros gestos de agresividad, qué son, sino empeños inútiles por buscar una señal, esa que nos libre finalmente. ¿Llegará esa señal?, ¿llegó para alguien alguna vez?, ¿qué sendero nos está vedado o con qué mismos ojos seguimos cegados? Mis ojos te tocan desde lejos y temo ser más torpe y bruto de lo que ya soy, pero no me da miedo porque te cierto cercana y tenemos una confianza que violamos con cariño. La virtud de los desposeídos es hermosa. Mis ojos te tocan desde lejos y nos hermanamos en alguna calle de esta gran ciudad con algo de vino barato, largas y retóricas conversaciones, y esa esperanza ilusa de los mudos con corazón.

En el baño, a tres metros de distancia, las resonancias y gemidos se hicieron más excitantes y acalorados. El tiempo pasó, llenos de impotencia; me entenderán aquellos que de polvo solo conservamos los cremados cofres de las desilusiones. Pero bienaventurados los jóvenes de risas complacientes. Son bocinas del tráfico bohemio, es la luz verde del semáforo gris. Ríes como abrazándome, yo te abrazo como negándote, ella me niega como acercándome, yo me acerco para escucharte otra vez reír y ver la luz del otro lado de la luna.

Traes esa excitación nerviosa que también me pone nerviosa, tan tuya, esa confusión desenfrenada que parece como si todas las fuerzas del mundo pugnaran en tu cabeza y no encontraran mejor escape que enredarse en tu conversación, monólogo neurótico, y yo enredarme contigo.